LET´S RECYCLE!

¡Toda la clase llena de basura! Así fue como comenzó nuestro proyecto del reciclaje la semana pasada desde el área de inglés en 4 años.

No sabemos cómo ha llegado tanta basura hasta nuestra clase, lo que sí sabemos es que la basura no debería estar tirada ni en clase ni en ningún lado que no sea en la basura, el mundo se nos está poniendo muy malito y necesitamos cuidarlo. Hablando un poco más con los amigos nos dimos cuenta de que hay que hacer algo, ¡necesitamos ayudar al mundo!

Y también vimos que no todas las basuras son iguales, ¡qué hay de muchos colores! Azul, negro, amarillo, verde… Y que en cada uno no tiramos lo mismo, separamos las cosas y así reciclamos.

Algunos niños hemos traído un dibujo con las basuras que tenemos en casa y lo hemos explicado al resto de amigos en la asamblea.

También nos hemos dado cuenta de que hay cosas que podemos reutilizar y hacer así cosas nuevas. Una de ellas han sido los rollos del papel higiénico, ¡los estamos convirtiendo en monstruos para decorar nuestra aula en Halloween!

Con este proyecto las teachers queremos enseñar a nuestros niños a reciclar, reutilizar y reducir basura y concienciarles de que está en sus manos, y en las nuestras, el ayudar a nuestro planeta, protegiendo a la Tierra y mejorar así nuestro entorno. Para ello contaremos también con la ayuda y colaboración de la profesora de huerto, así como con la de la ecoescuela GSD Álcala. ¡Ya os iremos contando que más vamos aprendiendo!

CATARRO DE VÍAS ALTAS

El catarro de vías altas, o resfriado, es un episodio de obstrucción nasal, aumento de mucosidad y tos que suele aparecer en los meses fríos. Son infecciones que se producen casi exclusivamente por virus, habiéndose identificado más de 200 tipos diferentes como posibles agentes etiológicos, siendo los rinovirus los más frecuentemente implicados. No hay vacuna para el catarro; la vacuna de la gripe sólo protege frente a esa enfermedad.

La infección se transmite por secreciones respiratorias expulsadas al aire por tos o estornudos y por objetos contaminados con estas secreciones. Las manos son un vehículo muy importante para la transmisión. La puerta de entrada puede ser la boca, la nariz o la fina capa que recubre los ojos (conjuntiva). En los niños pequeños la diseminación se facilita al compartir juguetes y por contacto directo con manos y cara.

Se estima que un adulto sano padece 1 o 2 catarros anuales y un niño entre 5 y 8, con un pico de incidencia máxima en los primeros años de colegio/guardería por el contacto con otros niños infectados y la inmadurez inmunológica propia de la edad. Tras los dos primeros años de escolarización el número de episodios anuales de catarro disminuye claramente.

Los niños no se acatarran por “coger frío” (en el patio del colegio o por ir sin calcetines en casa): la transmisión es mucho más fácil en locales cerrados como el aula pues el contacto es más estrecho y hay menos ventilación, cargándose el ambiente de virus en suspensión expulsados por las toses y estornudos de los niños acatarrados que inhalan los sanos. Es fundamental el lavado de manos.

Estas infecciones son autolimitadas: curan solas entre 7 y 10 días sin secuelas.

El catarro se produce por una inflamación de la mucosa respiratoria que hay entre la nariz y los bronquios, y según la afectación predominante, pueden aparecer rinitis (mucosidad nasal y estornudos), faringitis (dolor de garganta), laringitis (tos ronca o perruna) o bronquitis (tos con dificultad para respirar en distintos grados).

Puede aparecer fiebre, que es más frecuente cuanto menor es la edad del paciente y no suele durar más de 3 días. Los síntomas nasales y de garganta ceden habitualmente en una semana, pero la tos suele ser más persistente y puede durar 2 o 3 semanas. La mucosidad nasal va cambiando a lo largo del curso de la enfermedad: al principio es transparente (como «agüilla») y posteriormente va espesando y pasando progresivamente a mucosidad blanquecina, amarilla e incluso verdosa persistiendo así hasta el final del cuadro infeccioso, lo que no es signo de complicación ni de necesidad de tratamiento antibiótico.

El tratamiento del resfriado consiste en aliviar los síntomas y reconocer las posibles complicaciones evitando efectos secundarios de tratamientos inadecuados. Hay que evitar ambientes secos: se pueden poner depósitos de agua o utilizar humidificadores. Cuando haya congestión nasal se harán lavados nasales con suero fisiológico, en bebés especialmente antes de las tomas y de acostarlos. Se puede elevar el cabecero de la cama/cuna. Es normal que el niño esté inapetente, hay que ofrecer líquidos con frecuencia y no forzar a comer. Se pueden utilizar analgésicos-antitérmicos (paracetamol, ibuprofeno, etc.) sólo si hay fiebre o malestar, no de forma generalizada o pautada.

Los antibióticos no son útiles en infecciones víricas, no acortan la duración del catarro ni disminuyen la probabilidad de complicaciones. Los medicamentos para la tos, descongestivos o anticatarrales no están indicados y pueden ser perjudiciales.

Se debe consultar al médico si persiste fiebre elevada más de 3 días, empeora el estado general del niño o está decaído, somnoliento o muy irritable. También hay que consultar si aparece dificultad respiratoria (respira muy deprisa, se le marcan las costillas, mueve mucho el abdomen al respirar o se le hunde el pecho) o si el niño tiene menos de 3 meses y presenta fiebre.

BIBLIOGRAFÍA

Azucena Díaz Pérez y Ana González de Pedro.

Gabinete Médico G.S.D. Alcalá

Nuevas Tecnologías y los niños

Es un tema que lleva varios años en la actualidad y sobre el que no llegamos del todo a ponernos de acuerdo sobre su uso.

Sabemos que cuando son un poco más mayores tenemos que enseñarles a protegerse digitalmente y a no compartir todo ya que eso nos puede pasar factura. Pero ¿y qué pasa con los más pequeños?

Para este artículo vamos a utilizar las palabras de Álvaro Bilbao (neuropsicólogo y psicoterapeuta)

Antes de nada, hay que tener claro que las llamadas nuevas tecnologías son buenas e importantes para la sociedad en general, pero es cierto que si nos dirigimos al colectivo de los más pequeños cada vez son más numerosos los estudios que abalan un efecto negativo para el desarrollo de sus cerebros ya que pueden reducir la capacidad de autocontrol.

Esta reducción de la capacidad de autocontrol va acompañada de una sobre estimulación que hace que todo sea más rápido e intenso causando poco interés por las cosas más lentas incluso provocando el aburrimiento.

Según Álvaro Bilbao, hasta los seis años el niño no debería tener contacto con la tecnología porque es una edad muy importante para el desarrollo de la imaginación y que si está “enganchado” a estos dispositivos (tabletas, moviles,…) no tiene tiempo para aburrirse ni de imaginar.

Aún seguimos con el mito de que los niños actuales son nativos digitales, pero no es cierto ya que el mundo digital no es un idioma en sí mismo. Cuando el niño juega con un dispositivo no está activando las zonas del cerebro que tienen que ver con el lenguaje sino con el movimiento de la mano y la visión. Sí que es positivo enseñar programación, el tema de robótica, porque sí estamos enseñando a los niños ese lenguaje y estamos ayudándoles a pensar en otro idioma distinto.

Aunque con el uso de las nuevas tecnologías se aumente la velocidad de procesamiento no es del todo beneficioso ya que es mejor tener una atención más calmada pero prolongada.

Es diferente el uso de las nuevas tecnologías como soporte educativo a que el niño esté tumbado en el sofá con el dispositivo. Aunque sabemos que el niño aprende antes y mejor de una manera manipulativa que a través de un dispositivo es bueno combinar ambas cosas.

Aunque pueda parecer que se desaprovecha el potencial tecnológico al introducir más tarde las tecnologías, desde mi punto de vista no es así, porque primero tenemos que enseñar al cerebro a pensar, a estar atento, a imaginar, y luego ya le podemos enseñar a dominar las herramientas que tiene a su disposición. Si introducimos las tecnologías demasiado pronto, el niño conseguirá conectar con ellas de una forma muy rápida pero se desconectará de otras cosas más importantes para su desarrollo.

Y algo muy importante es que, independientemente de que les dejemos la tableta a los tres, cuatro o cinco años, es enseñarles a tener autocontrol, tiempos limitados, para que cuando el adulto diga “hasta aquí”, el niño sea capaz de soltarla sin gritar ni enfadarse. En eso los dispositivos electrónicos pueden ayudar. De hecho hay autores que dicen que es mejor que el niño empiece a utilizarlos a los tres años con reglas muy claras, entrenando el autocontrol, a que empiece con ocho o diez años y comenzar a entrenarlo ahí. Es importante también que el niño experimente la frustración, aprenda a dominarla, a aburrirse y a esperar que pase ese momento.

Por último, remarcar que muchos padres se engañan porque dicen: “No, yo dejo a mi hijo media hora”, y en realidad están conectados no solo a la tableta, teléfono móvil… sino a la televisión también dos o tres horas al día. Y sabemos que eso está relacionado con más probabilidades de tener déficit de atención, obesidad infantil, depresión infantil, problemas de conducta, y con más prevalencia de fracaso escolar.

No hay que olvidar que la tecnología tiene que ser una herramienta para aprovechar y sacar partido a todo lo positivo y no una vía de escape para que el niño esté tranquilo y entretenido.