Nuevas Tecnologías y los niños

Es un tema que lleva varios años en la actualidad y sobre el que no llegamos del todo a ponernos de acuerdo sobre su uso.

Sabemos que cuando son un poco más mayores tenemos que enseñarles a protegerse digitalmente y a no compartir todo ya que eso nos puede pasar factura. Pero ¿y qué pasa con los más pequeños?

Para este artículo vamos a utilizar las palabras de Álvaro Bilbao (neuropsicólogo y psicoterapeuta)

Antes de nada, hay que tener claro que las llamadas nuevas tecnologías son buenas e importantes para la sociedad en general, pero es cierto que si nos dirigimos al colectivo de los más pequeños cada vez son más numerosos los estudios que abalan un efecto negativo para el desarrollo de sus cerebros ya que pueden reducir la capacidad de autocontrol.

Esta reducción de la capacidad de autocontrol va acompañada de una sobre estimulación que hace que todo sea más rápido e intenso causando poco interés por las cosas más lentas incluso provocando el aburrimiento.

Según Álvaro Bilbao, hasta los seis años el niño no debería tener contacto con la tecnología porque es una edad muy importante para el desarrollo de la imaginación y que si está “enganchado” a estos dispositivos (tabletas, moviles,…) no tiene tiempo para aburrirse ni de imaginar.

Aún seguimos con el mito de que los niños actuales son nativos digitales, pero no es cierto ya que el mundo digital no es un idioma en sí mismo. Cuando el niño juega con un dispositivo no está activando las zonas del cerebro que tienen que ver con el lenguaje sino con el movimiento de la mano y la visión. Sí que es positivo enseñar programación, el tema de robótica, porque sí estamos enseñando a los niños ese lenguaje y estamos ayudándoles a pensar en otro idioma distinto.

Aunque con el uso de las nuevas tecnologías se aumente la velocidad de procesamiento no es del todo beneficioso ya que es mejor tener una atención más calmada pero prolongada.

Es diferente el uso de las nuevas tecnologías como soporte educativo a que el niño esté tumbado en el sofá con el dispositivo. Aunque sabemos que el niño aprende antes y mejor de una manera manipulativa que a través de un dispositivo es bueno combinar ambas cosas.

Aunque pueda parecer que se desaprovecha el potencial tecnológico al introducir más tarde las tecnologías, desde mi punto de vista no es así, porque primero tenemos que enseñar al cerebro a pensar, a estar atento, a imaginar, y luego ya le podemos enseñar a dominar las herramientas que tiene a su disposición. Si introducimos las tecnologías demasiado pronto, el niño conseguirá conectar con ellas de una forma muy rápida pero se desconectará de otras cosas más importantes para su desarrollo.

Y algo muy importante es que, independientemente de que les dejemos la tableta a los tres, cuatro o cinco años, es enseñarles a tener autocontrol, tiempos limitados, para que cuando el adulto diga “hasta aquí”, el niño sea capaz de soltarla sin gritar ni enfadarse. En eso los dispositivos electrónicos pueden ayudar. De hecho hay autores que dicen que es mejor que el niño empiece a utilizarlos a los tres años con reglas muy claras, entrenando el autocontrol, a que empiece con ocho o diez años y comenzar a entrenarlo ahí. Es importante también que el niño experimente la frustración, aprenda a dominarla, a aburrirse y a esperar que pase ese momento.

Por último, remarcar que muchos padres se engañan porque dicen: “No, yo dejo a mi hijo media hora”, y en realidad están conectados no solo a la tableta, teléfono móvil… sino a la televisión también dos o tres horas al día. Y sabemos que eso está relacionado con más probabilidades de tener déficit de atención, obesidad infantil, depresión infantil, problemas de conducta, y con más prevalencia de fracaso escolar.

No hay que olvidar que la tecnología tiene que ser una herramienta para aprovechar y sacar partido a todo lo positivo y no una vía de escape para que el niño esté tranquilo y entretenido.

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